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NARCISISMO, SOCIEDAD, PATOLOGIA MODERNA?

NARCISISMO, SOCIEDAD, EMERGENCIA PSIQUIATRICA

Narciso, (etimológicamente el atontado..., de allí narcosis), nace de una relación impensada: el dios río Cefiso envuelve en su torrente a la ninfa oceánida Liríope, quien producto de esta relación da a luz a un niño de inefable belleza. La inquietud de esta madre se refiere al futuro de su hijo, consultando a tal fin al ciego Tiresias quien responde en forma críptica: "tendrá larga vida en tanto no se conozca a sí mismo", vaticinio que es desestimado por Liríope.

Surgen de aquí tres elementos nódicos de la patología narcisista: la falta de verdadera empatía materna, la transformación del hijo en el niño ídolo y las expectativas depositadas él, en este caso sobre la duración de su vida. El vaticinio significa que vivirá en tanto sostenga una imagen distorsionada de sí.

Narciso crece indiferente a las pasiones que despierta a su alrededor en dioses, ninfas y mortales. Niega la realidad de su entorno. No tiene verdadera interacción social, desdeña a Eros y por lo tanto al amor, se aísla y vive para un Eros propio, desconociendo que se trata de sí mismo. Padece falta de empatía e incapacidad para captar los sentimientos ajenos y la realidad externa y de expresar sus propios sentimientos.

Eco se consume por el desamor de Narciso quedando reducida a la voz. Narciso no ha sabido distinguir en lo mismo lo diferente. Es orgulloso, soberbio, agresivo y destructivo en relación al otro.


En una de las versiones del mito, Aminias muere clavándose la espada que Narciso le envía matándose en el umbral de la casa de éste, reclamando venganza. Antes de morir lo maldice reclamando venganza. Artemisa, escucha el ruego de Aminias y poco después, luego de una larga caminata, Narciso sediento divisa un arroyo. Al acercarse a la orilla para calmar su sed, queda fascinado por la visión especular que le es devuelta desde el agua. Trata de besar y acariciar esa imagen terminando por reconocerse. Así deja transcurrir el tiempo extasiado ante este objeto furtivo de deseo que solo existe por él y sin él desaparecería. Las lágrimas de Narciso al caer al agua, deshacen la imagen desintegrando al sujeto. Va desfalleciendo lentamente junto a la fuente. Narciso termina su drama clavándose una daga en el pecho diciendo: "adiós joven amado inúltilmente". Muerte causada por no poder apartarse de sí y dirigirse al otro, a un ser real; amor por una imagen especular que se confunde con un sujeto real. El fin del mito es el retroceso de Narciso de lo humano a lo vegetal, regresando al seno materno y a la fuente del objeto, que como tal es imposible.

Narciso no ha llegado a ser un héroe occidental, a la manera de Prometeo, que crea la cultura al precio del sufrimiento perpetuo, su imagen es la del goce, el paraíso inerte y por ende la muerte.

Sabemos que el psiquismo humano es pasible de una doble apoyatura, en lo orgánico y en lo social, es decir, un cuerpo vivo y un grupo social. Tiene un anclaje biológico pero es tributario de lógicas autónomas.

Los cambios sociales de los últimos decenios parecen haber propiciado transformaciones en las manifestaciones psicopatológicas, en los medios de expresión del sufrimiento psíquico. Cambios tal vez mediatizados por la constitución del ideal del yo, producto de la renuncia del sujeto al narcisismo infantil. En última instancia, dichos cambios surgen de la dialéctica entre la historia estructurada en la subjetividad y las determinaciones de época.

En el texto "Introducción del Narcisismo" se distinguen tres niveles: uno descriptivo que se refiere a conductas, personalidades, a la perversión. Otro económico, el de estadío de donde derivan el narcisismo primario y el secundario. Y el tercer nivel que es tópico y se refiere a la localización de la libido en el Yo.

El Narcisismo podría definirse como el tipo de investidura tendiente a borrar la existencia del objeto en tanto y en cuanto este se muestra como no existente en forma continua (ideal de autoabastecimiento).

Para algunos, el Narcisismo es una estructura constitutiva relacionada con la pulsión de muerte, dado el ataque al vínculo con el objeto, aunque cabe distinguir dos formas: una con fusión pulsional a predominio erótico, característico del enamoramiento y la otra caracterizada por un ataque masivo al objeto.

Sintetizando, el Narcisismo es la integración de las imaginerías, material de construcción de la idea que el sujeto se forja de sí. Vía regia de introducción al campo de lo imaginario y lugar de las identificaciones (y de sus alienaciones).

Es una etapa en el desarrollo del Yo (autoerotismo, narcisismo, elección de objeto).

El sujeto está más adelantado en el nivel del narcisismo que en el de la evolución y síntesis de la sexualidad.

Se trata de un concepto dialéctico que integra tanto momentos constitutivos como de disolución del Yo.

Como patología, lo es básicamente del Yo, rayana en lo psicótico. Aquel se identifica con el ideal; el conflicto es entre el Yo y una parte de la realidad. El Yo trata de ser esclavizador del Ello, el Super-Yo y los objetos.

Se puede tomar como paradigma de época al Narcisismo.

Extrapolando el término y refiriéndolo a lo social, nos hallamos frente a una paradoja. Si el Narcisismo supone la aparición de una nueva instancia psíquica (el Yo) y si remite a la imagen integrada del cuerpo en el espejo, en realidad, el resultado de este Narcisismo Social, lejos de integrar despedaza, fragmenta. Cada miembro busca su propia integración no a través sino a expensas del otro.

El malestar en la cultura viene teñido por las variables epocales. El sujeto actual se caracteriza por evitar toda ocasión de sufrimiento o frustración y especialmente por negar al otro. El papel del otro resulta esencial en la estructuración y evolución del psiquismo. La subjetividad resulta del otro a través de la alienación constitutiva. Lo que proviene del otro lleva al lazo social. Se incluye en Eros, cuya función es ligar al individuo con sus objetos. Por el contrario, lo atribuible a Tánatos, al Narcisismo, lelva a la fusión con los objetos del pasado, al desligamiento y al aislamiento. El actor o sujeto histórico actual es individual a través del éxito socioeconómico, empeñado en mejorar el propio rendimiento y el aspecto para una vida social afectiva y profesional exitosa, lo cual se vehiculiza a través de diversas técnicas.

Hay una especie de caída en desuso de la interioridad, lo cual conlleva en la búsqueda de prótesis compensatorias para una subjetividad cercenada.

El actual o el abandonarse han tomado el lugar de las búsquedas de sentido.

El narcisista actual es sufriente pero no culpable, con el sufrimiento invadiendo el cuerpo, sin identidad en un espacio - tiempo fragmentados y acelerados, con franco predominio de las categorías espaciales por sobre las temporales(velocidad, superficie y espacio). Un espacio para el que no bastaría el tiempo humano. Insuficiencia temporal que constituye un reto desmesurado, una amenaza omnipresente. Si bien el triunfo sobre aquella amenaza constituye un viejo sueño humano, es a la vez y paradójicamente la peor de las pesadillas. El sueño milenario del hombre parece ser homologarse a Dios y su pesadilla en el sujeto actual es tener que simular que ha cumplido este deseo, pues entonces comprende la deplorable situación de tal Dios sumido en la soledad y el miedo.

El trayecto del superhombre actual que calma sus angustias con pastillas o con pantallas, entre otros, se ve obstaculizado por síntomas somáticos varios, disfunciones sexuales y relacionales, sensaciones de vacío y artificialidad, evocando la imposibilidad psicótica de representar traumas indecibles.

Existe una franca correlación entre características culturales de época y las manifestaciones psicopatológicas.

Ambiciones desmesuradas de consumo y poder, ritmo de vida cada vez más rápido con progresivo alejamiento de las metas, hiperentrenamiento y cuidado del cuerpo, afirmación de los deseos individuales como absolutos.

Cambios sociales, sexuales, políticos, filosóficos, artísticos, educativos, institucionales..., supuesta caída de las ideologías aunque en realidad se ha constituido una nueva ideología basada en una imaginario compartido que podríamos llamar del bienestar o del hedonismo.

Dentro de la patología narcisista no psicótica nos referimos a los trastornos narcisistas y borderline de la personalidad. Sin abundar en las características particulares de estas patologías, suficientemente explicitadas y conocidas, resumimos algunas diferencias clínicas: los trastornos antedichos son categorizaciones que comparten características comunes con los tres grandes cuadros nosográficos tradicionales (neurosis, psicosis, perversión), pero los desbordan. Se caracterizan por la labilidad de los límites entre psiquismo y cuerpo, entre Yo y Yo Ideal, entre lo externo y lo interno, confusión de zonas erógenas, de placer y de dolor y sobre todo por una gran precariedad en la estructuración psíquica que los hace vulnerables a las heridas narcisistas de diversa cuantía. Tienen sensaciones de extrañeza con respecto a sí mismos y a su vida y de displacer difuso.

Los estados límite son susceptibles de regresiones con producción de episodios psicóticos transitorios; el sentimiento de continuidad del sí mismo se altera fácilmente en ellos.

En los trastornos narcisistas hay más cohesión del sí mismo y tienen mejor funcionamiento psíquico general.

Para Bergeret el nivel de carencia narcisista va en aumento desde la personalidad narcisista hasta el estado límite y luego la organización prepsicótica.

Intentando establecer paralelos (modelo - manifestación), hay que mencionar el hacinamiento de los mediadores sociales (mass - media, instituciones), el cual ha infiltrado los hogares llenando huecos familiares y brindando modelos identificatorios.

Hay una franca pérdida de solidaridad, pragmatismo, superficialidad y banalidad. Saturación con aplastamiento del deseo, utilitarismo en la relación con el otro, fetiches varios, relaciones intensas y fugaces como en el zapping sin consistencia emocional. Vaciamiento de la palabra, la fantasía y la simbolización; adherencia del sufrimiento al cuerpo con el consiguiente compromiso somático. Aislamiento y aglomeración en los diversos lugares públicos. Manifestación de rasgos paranoides por los cuales se percibe la alteridad a través de una proyección satanizada de las propias carencias y limitaciones; proyección que es la contracara de la idealización del propio mundo. Necesidad de vínculos profundos e imposibilidad de los mismos. Aparición de mecanismos renegatorios del peligro y negación de la impotencia en el hacer compulsivo sobre sí.

Las temáticas del malestar suelan versar sobre:

·         dificultades relacionales (en especial de pareja), sentimientos de vacío, de fracaso, de soledad e indiferencia.

·         violencia cotidiana, exclusión social, insatisfacción y descuido del cuerpo (anorexia - bulimia, adicciones).

·         manifestaciones somáticas sin sostén en la fantasía, dificultades en la simbolización y en la reflexión.

·         predominio de conflictos actuales en la realidad y por ende, empobrecimiento de la asociación con los referentes temporales, estagnación en el presente.

No es difícil avisorar un vínculo de potenciación de los desequilibrios psíquicos preexistentes.

Tal vez se trate del levantamiento de murallas narcisísticas frente a los embates de una realidad insoportable.

Para D. Ansieu, la necesidad de sobrecargar la evoltura narcisista aparece como la contrapartida defensiva de una fantasía de piel descarnada: ante un peligro de ataque externo - interno, es necesario reforzar el escudo de un yo piel en sus funciones de paraexcitación y de continente psíquico.

La lucha Eros - Tánatos es una tensión que no es estabiliza y que parece tender francamente a favorecer a este último. El hombre actual vive en un juego descreido, representando una comedia que en realidad es una nueva versión de la tragedia y que nos muestra a un ser furiosamente empeñado en quebrantar sus fronteras a través de la ciencia o los éxtasis artificiales.

Nuestro desafío como terapeutas consiste en afinar la comprensión no solo de las invariantes de lo inconsciente sino también en captar los condicionamientos culturales, con sus avances y sus fracasos, sus potencialidades y sus perversiones.

En nuestro mundo globalizado, la política se ha convertido en una forma de administrar la economía y los políticos, por ende, en administradores de empresas. La tendencia es a la confluencia en un solo mercado. Los estados son empresas con gerentes. Se trata de una unificación cuya finalidad es económica, tendiendo a la homogeneización y como contrapartida a la creación de movimientos mundiales xenófobos. Por dicha tendencia se exacerban las pequeñas diferencias, la marginación se acentúa, el otro ocupa el lugar que tendría que ocupar uno. La cohesión se da si se crea un enemigo exterior, un perseguidor. Las grandes brechas económicas crean la sensación de un grupo (el más beneficiado) cada vez más acorralado por los sistemas de seguridad que permiten mantener lo que se tiene. ¿Faltará poco para que cada uno de nosotros sea monitoreado a través de un microprocesador insertado en algún secreto lugar de nuestro cuerpo?

Un hecho palmario es el ocaso de la función paterna, pilar esencial en la constitución de la subjetividad y el pasaje estructurante por la triangularidad. Tal función tiene que ser con la formación del Ideal de Yo - Super Yo, lazo social y relación con el poder. Dicho ocaso, lleva como salida vicariante, por ejemplo, a la formación de sectas. El Super Yo queda debilitado en cuanto a la formación de ideales colectivos y por ende de la solidaridad con el riesgo de derivar en fundamentalismos que buscan reponer la imagen paterna arcaica. Los hogares son cada vez más restringidos en estabilidad y en número de miembros. Hay un vacío de función que condiciona la búsqueda de identificaciones en los diversos modelos ofrecidos: bandas, grupos de autoayuda, entre otros.

El resurgimiento del padre primitivo se relaciona con el recrudecimiento de la violencia que vemos aparecer cada vez más en lo cotidiano; violencia que se trivializa a fuerza de presencia.

La revolución es un mito de otra época. Actualmente priman la información y la expresión. A mayor abundancia de medios de expresión, menos comunicación. Hay una primacía del acto de la comunicación en detrimento de lo comunicado. En la actualidad, la imagen ha reemplazado a la palabra escrita en la explotación de lo impactante. Ejemplo de esto es el reality show. Los acontecimientos más espelusnantes se viven en directo con un efecto de artificialidad. Todo debe ser escenificado y cuanto más impactante mejor.

La sociedad de mercado multiplica y diversifica la oferta hasta crear una incapacidad de elección por saturación.

Las costumbres han cambiado, se cultiva la espontaneidad, la liberación de roles, la exacerbación de los sentidos y el hedonismo. Un sentimiento predominante es la indiferencia, un sujeto indiferente sin certezas ni sorpresas, con una rápida mutación de opiniones.

Han transcurrido la violencia política de los ´70, la movilización cultural y democrática de los ´80, estando los ´90 caracterizados por la inseguridad, la incertidumbre y el desinterés hacia los hombres y las instituciones, desinterés directamente proporcional a los intereses personales al margen o como refugio frente a la crisis económica.

Sin liderazgos políticos válidos y con un creciente descreimiento en las metas colectivas se erige lo privado como ámbito privilegiado, al modo de las cápsulas espaciales, ámbito del cuidado del aspecto, del adelgazamiento (incluido el ético), las inversiones y las ganancias como objetivo último.

Se ha producido una instalación en el presente sin historia y sin futuro; sin valores ni metas trascendentes. El universo ha perdido su sentido y el hombre se ve compelido a actuar como creador (clones) y como criatura que reniega de su condición.

Se nota una necesidad actual de reflotar personajes descollantes en lo social, para cubrir un vacío, alguien que encarne un ideal o en quien se proyecte el mismo. Esta maniobra solo logra incorporar estas figuras a la gran feria del merchandising.

El narcisismo de nuestro tiempo está hecho de sensibilidad superficial, nutrida por la sobreestimulación que implican la cuantía y la rapidez de las informaciones de todo calibre en un loco caleidoscopio.

El imperativo categórico de época ha pasado a ser: "se exitoso", para lo cual existen en exhibición multitud de modelos convertidos en ídolos que propician los sueños narcisistas de celebridad y riqueza. La meta es la realización inmediata del deseo.

Los mass media nos transmiten la cultura del bienestar a través de los principios higiénico dietéticos y básicamente estéticos.

Luchar denodadamente contra los signos del paso del tiempo para asegurarse una eterna juventud que permita entrar en competencia por el éxito bajo el riesgo de no "pertenecer".

La cultura, a favor de los determinantes indivuales, inviste ciertos atributos, en especial con libido narcisista. Este atributo o cualidad parcial, pasa a representar al Yo, quedando fragilizado para los futuros embates.

No es muy común que estos aspectos narcisizados sean la dignidad o la ética.

Es más común que la amenaza a la propiedad sea como una amenaza a la vida.

En los últimos tiempos, la asociación tecnología - medios de comunicación ha producido un nuevo fenómeno de masificación pero en reductos individuales. La T.V. conlleva una tendencia masificadora pero a la vez favorece la fragmentación.

En la medida que se sostenga el gran muro que separa el mundo del bienestar del mundo exiliado de los que están afuera y mientras el desarrollo tecnológico y científico no estén encauzados por una ética, continuará la situación de riesgo inminente y el hombre deberá decidir sobre su destino.